• 6 de marzo de 2026 10:56

Desde el Cristal con que se Mira… El sentido del olfato ¿Sabías que puedes recordar un aroma con más precisión que una imagen?

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Por Jorge Guerrero

Hay sentidos que usamos constantemente sin darnos cuenta, y uno de los más subestimados es el olfato. No solo nos permite disfrutar del aroma del café por la mañana o detectar que algo se está quemando: el olfato es un sentido profundamente ligado a la memoria, la emoción, la supervivencia y la identidad.

En 2014, un estudio realizado demostró que los seres humanos pueden distinguir al menos un billón de olores diferentes. Este hallazgo superó ampliamente las estimaciones anteriores, que sugerían que solo podíamos diferenciar alrededor de 10,000 aromas.

El olfato funciona a través de millones de receptores olfatorios ubicados en la parte superior de la cavidad nasal. Estas células especializadas detectan moléculas químicas transportadas por el aire y las transforman en señales eléctricas que se envían directamente al bulbo olfatorio, una estructura cerebral que, curiosamente, tiene conexiones muy cercanas con el sistema límbico, donde se procesan las emociones y la memoria. De ahí que un aroma pueda transportarnos al instante a un momento, una persona o un lugar del pasado con una intensidad sorprendente.

A diferencia de otros sentidos, el olfato tiene una vía neurológica directa con el hipocampo y la amígdala cerebral, lo que explica por qué ciertas fragancias. Pero el olfato no solo es evocador: también es protector. Gracias a él detectamos alimentos en mal estado, humo, gas o sustancias químicas tóxicas. Es un centinela biológico que nos advierte silenciosamente de peligros invisibles.

¿Qué ocurre cuando se pierde el olfato? La pérdida total o parcial del sentido del olfato se llama anosmia. Puede deberse a infecciones respiratorias (como el COVID-19), traumatismos craneales, enfermedades neurodegenerativas (como el Parkinson o el Alzheimer), o simplemente al envejecimiento. Las personas con anosmia tienen mayores tasas de depresión, aislamiento social y una disminución en la calidad de vida, al perder una parte esencial de su conexión con el mundo.

Además, al perder el olfato también se altera el sentido del gusto, ya que gran parte del sabor depende de la interacción entre papilas gustativas y receptores olfativos. Por eso, al resfriarnos o perder el olfato, sentimos que “la comida no sabe a nada”.

En muchas culturas, los aromas se han usado con fines terapéuticos, religiosos y emocionales. Desde la aromaterapia hasta los rituales con incienso o los aceites esenciales, el olfato ha sido históricamente reconocido como un puente entre el cuerpo y el alma.

Así que la próxima vez que respires profundamente y un olor te provoque un recuerdo o una emoción intensa, no lo ignores: tu cerebro te está hablando desde lo más profundo de tu historia.

Porque los aromas no solo se huelen… también se sienten.

Y en la vida, como en todo, como bien decía Ramón de Campoamor: “Nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira».

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