• 7 de marzo de 2026 05:36

Desde el Cristal con que se Mira… El sentido del Tacto, el órgano más grande del cuerpo y su silencioso trabajo protector

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Por Jorge Guerrero

Todos los días te acompaña, cubre, conecta con el exterior, protege. Y pocas veces piensas en ella más allá de lo estético o lo superficial. Me refiero a la piel, ese órgano que, aunque muchas veces ignorado cumple una función vital, compleja y continua: mantenernos vivos, íntegros y en equilibrio con el entorno.

La piel es, sin duda, el órgano más grande del cuerpo humano. En un adulto promedio, cubre una superficie de aproximadamente 1.8 metros cuadrados y puede pesar entre 3.5 y 5 kilogramos, más que el cerebro, el corazón y los pulmones combinados. Está compuesta por tres capas principales: la epidermis, la dermis y la hipodermis. Estas capas no solo protegen del exterior, sino que interactúan activamente con nuestros sistemas nervioso, inmunológico y endocrino.

Regula la temperatura corporal, detecta el dolor, siente el tacto, produce vitamina D al exponerse al sol y activas respuestas inmunológicas ante virus, bacterias o heridas. Es un escudo físico y biológico que se adapta a cada entorno: transpira cuando hace calor, se enrojece por vergüenza, se empalidece por susto y… se eriza cuando sentimos miedo, frío o emoción profunda.

Esa piel que se te eriza al escuchar una canción, al recibir una noticia inesperada o ante un recuerdo poderoso, responde a una reacción evolutiva que antiguamente nos servía para aumentar el volumen del vello corporal y parecer más grandes ante una amenaza.

Y aunque parezca inerte, se renueva constantemente: cada 28 a 30 días reemplazamos por completo la capa superficial de nuestra piel. Se estima que eliminamos entre 30,000 y 40,000 células muertas cada minuto.

Pero la piel no solo protege. También siente. Se enferma por estrés, expresa alergias por lo que comemos, y refleja desequilibrios hormonales y emocionales. Enfermedades como la dermatitis, la psoriasis o el acné son tanto físicas como psicoemocionales.

Además, guarda la memoria del tiempo: las cicatrices, las arrugas, las manchas, todo lo que hemos vivido queda inscrito en ella como un diario silencioso. Y es el único órgano que está permanentemente expuesto al mundo: la piel es lo primero que los demás ven de nosotros… y muchas veces, también lo que nosotros mismos juzgamos con más dureza.

Cuidar la piel es mucho más que hidratarla o protegerla del sol. Es alimentarse bien, descansar, hidratarse, evitar tóxicos, pero también saber que cuando la piel reacciona, hay algo dentro que quiere hablar.

Así que la próxima vez que se te erice la piel, recuerda: no es solo una reacción física. Es un lenguaje emocional. Es tu cuerpo diciendo: “esto me toca, me impacta, me mueve”.

Sin embargo, en la vida como en todo, como bien dijo Ramón de Campoamor: “Nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira«.

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