Por Jorge Guerrero
Cuando alguien dice “tengo un sexto sentido” suele referirse a una intuición inexplicable, una percepción más allá de la lógica, una sensación que no proviene de la vista, el oído, el olfato, el gusto o el tacto. Pero ¿de dónde surge esta expresión? ¿Qué significa realmente tener un “sexto sentido”? ¿Existe en términos médicos o científicos?
El origen del término “sexto sentido” no está del todo claro, pero se remonta al pensamiento filosófico y místico de siglos pasados. Ya en la Edad Media, algunos pensadores mencionaban la posibilidad de un sentido interno más allá de los cinco descritos por Aristóteles. En muchas culturas, esta idea se relacionó con la intuición, la premonición, o incluso con habilidades psíquicas.
Sin embargo, la ciencia moderna ha dado una interpretación completamente diferente —y mucho más tangible— a lo que podría considerarse un “sexto sentido”. Hoy sabemos que el cuerpo humano posee múltiples sentidos adicionales, más allá de los cinco clásicos. Algunos de ellos son:
Propiocepción: la capacidad de percibir la posición y el movimiento de las partes del cuerpo, incluso con los ojos cerrados.
Equilibrio (sistema vestibular): ubicado en el oído interno, permite mantenernos en pie, coordinar movimientos y no perder el rumbo espacial.
Interocepción: percepción interna de sensaciones como el hambre, la sed, el ritmo cardiaco o la necesidad de respirar.
Nocicepción: la capacidad de sentir dolor, fundamental para la protección del organismo.
De hecho, autores como Antonio Damasio, neurocientífico portugués, han propuesto que la percepción de los estados internos del cuerpo (interocepción) es esencial para la conciencia y la toma de decisiones, y que podría explicar por qué a veces “sentimos” que algo anda mal incluso antes de tener evidencia externa. Es decir, lo que llamamos intuición podría tener bases neurológicas muy reales.
En este sentido, varios científicos consideran que la propiocepción o la interocepción podrían ser los mejores candidatos para lo que culturalmente llamamos “sexto sentido”. Son funciones neurológicas reales, medibles y fundamentales para nuestra supervivencia y bienestar.
Así que el “sexto sentido”, más que un misterio paranormal, es hoy una ventana fascinante a la complejidad del cuerpo humano. Es la forma en que el cerebro interpreta señales internas y externas para anticiparse, protegernos o guiarnos, incluso cuando no somos plenamente conscientes de ello.
Lo invisible también es biológico.
Sin embargo, en la vida como en todo, como bien dijo Ramón de Campoamor: “Nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

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