Por Jorge Guerrero
Cuando hablamos de los cinco sentidos, inmediatamente pensamos en funciones como ver, oír, oler, saborear o tocar. Estas habilidades están relacionadas con estructuras biológicas muy precisas que permiten captar estímulos del mundo exterior. Pero ¿qué pasa con acciones como leer, escribir, hablar, razonar o hacer cálculos? ¿También son sentidos?
En realidad, no. Estas últimas habilidades pertenecen a un conjunto distinto y más complejo del funcionamiento humano: las funciones cognitivas superiores. A diferencia de los sentidos, que reciben e interpretan estímulos físicos (luz, sonido, moléculas químicas, presión), las funciones cognitivas trabajan con símbolos, abstracciones y lenguaje. No solo procesan la información sensorial que llega al cerebro, sino que la interpretan, la integran, la transforman y la expresan en nuevas formas.
Por ejemplo, ver es una función sensorial básica asociada al sentido de la vista. El ojo capta la luz, la convierte en señales eléctricas y las transmite al cerebro a través del nervio óptico. Sin embargo, leer implica una serie de procesos mentales adicionales: reconocimiento visual de símbolos, asociación con sonidos y significados, comprensión sintáctica y memoria contextual. Para leer, el cerebro debe activar zonas del lóbulo occipital (visión), el lóbulo temporal (procesamiento lingüístico) y el lóbulo frontal (planificación y comprensión).
De igual forma, oír es diferente de comprender el lenguaje hablado. Puedes oír una lengua extranjera sin entenderla, porque el sentido del oído está funcionando, pero no así la capacidad de interpretación lingüística. Lo mismo ocurre con la escritura: escribir no es solo mover la mano, sino traducir ideas en símbolos convencionales con reglas gramaticales y ortográficas. Todo esto requiere de redes neuronales complejas que involucran atención, memoria, lenguaje y coordinación motora.
Estas funciones cognitivas son únicas del ser humano y se desarrollan con la maduración cerebral, la educación, el entorno y la experiencia. En neurociencia, se conocen como funciones neurocognitivas o capacidades superiores del cerebro, y forman parte de lo que nos permite pensar, planear, resolver problemas, comunicarnos y construir cultura.
En resumen, los sentidos nos conectan con el mundo, pero nuestras funciones cognitivas nos conectan con el conocimiento, la memoria y el lenguaje. Ambas dimensiones son necesarias, pero no son lo mismo. Ver no es leer. Escuchar no es comprender. Tocar no es escribir. Y en la medicina, como en la vida, distinguir entre percepción y pensamiento es fundamental.
Sin embargo, en la vida como en todo, como bien dijo Ramón de Campoamor: “Nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

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