• 6 de marzo de 2026 08:56

Desde el Cristal con que se Mira… ¿Sabías que tu corazón late más de 100 mil veces al día? La maravilla silenciosa que te mantiene vivo

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Por Jorge Guerrero

Entre todos los órganos del cuerpo humano, hay uno que representa la constancia silenciosa, el ritmo inquebrantable de la vida: el corazón. Este órgano muscular, del tamaño aproximado de un puño cerrado, late sin descanso desde antes del nacimiento hasta el último instante de vida. Si se detiene, todo lo demás también lo hace. Por eso, no es exagerado decir que en cada uno de sus latidos se encuentra contenida la promesa de seguir vivos.

En condiciones normales, el corazón de un adulto sano en reposo late entre 60 y 100 veces por minuto. Si tomamos una media de 72 latidos por minuto, eso equivale a más de 103 mil latidos diarios, más de 37 millones al año, y más de 2,800 millones de latidos si se llega a vivir 75 años. En cada contracción, este órgano bombea cerca de 70 mililitros de sangre, lo que suma alrededor de 7,000 litros al día. A lo largo de un año, eso representa más de 2.5 millones de litros, suficientes para llenar varias albercas olímpicas.

Todo este esfuerzo impulsa la sangre a través de una red de más de 100,000 kilómetros de vasos sanguíneos, lo suficiente para dar más de dos vueltas al planeta Tierra. Esa sangre lleva oxígeno y nutrientes a cada célula del cuerpo, recoge los desechos metabólicos y los lleva a ser filtrados. Y todo esto ocurre gracias a un solo órgano que nunca descansa por completo.

La coordinación del latido cardíaco está a cargo del nódulo sinoauricular, conocido como el marcapasos natural del corazón. Desde ahí, una señal eléctrica recorre el miocardio y marca el ritmo entre contracción y relajación. Es un proceso tan perfecto que solo notamos su falla cuando aparece la enfermedad.

Más allá de su función fisiológica, el corazón también ha sido símbolo cultural, emocional y espiritual. Lo relacionamos con el amor, el valor, la ternura, la bondad y hasta con la intuición. Se rompen corazones, se entregan corazones, se dibujan corazones con las manos. El lenguaje lo ha dotado de un valor poético tan grande como su importancia anatómica. Pero mientras lo idealizamos, muchas veces olvidamos cuidarlo.

La realidad es que el corazón también se enferma. El estrés, el sedentarismo, una dieta alta en grasas saturadas, el tabaquismo o la hipertensión son sus principales enemigos. La buena noticia es que muchas de estas condiciones son prevenibles.

Aunque el corazón pesa solo entre 250 y 350 gramos, genera suficiente presión para que la sangre llegue desde la cabeza hasta los pies. Y lo hace más de 100 mil veces al día, sin que le demos las gracias. Quizás ha llegado el momento de hacerlo.

Sin embargo, en la vida como en todo, como bien diría Ramón de Campoamor: “Nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

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