En el cuerpo humano, hay órganos cuya importancia es inversamente proporcional al ruido que hacen… y los riñones son el mejor ejemplo. Situados a ambos lados de la columna vertebral, justo debajo de la caja torácica, estos dos órganos con forma de frijol miden apenas 12 centímetros de largo y pesan entre 120 y 160 gramos cada uno. Y, sin embargo, realizan una de las funciones más esenciales para la vida: filtrar la sangre, eliminar los desechos del metabolismo y regular el equilibrio de agua, electrolitos y presión arterial.
Cada día, los riñones filtran aproximadamente 180 litros de sangre, de los cuales se reabsorben la mayoría del agua y sustancias útiles, y se eliminan apenas 1.5 litros en forma de orina. Para lograrlo, cada riñón contiene cerca de un millón de nefronas, que son las unidades funcionales encargadas de la filtración y reabsorción. Esa cifra puede disminuir con la edad o por enfermedades como la diabetes, la hipertensión o las infecciones urinarias crónicas.
Además de depurar, los riñones producen hormonas como la eritropoyetina (que estimula la formación de glóbulos rojos), regulan el pH de la sangre y activan la forma activa de la vitamina D, indispensable para la salud ósea. Es decir, sus funciones trascienden la orina: influyen en la sangre, los huesos, la presión arterial y el equilibrio general del organismo.
Un dato llamativo es que podemos vivir con un solo riñón sin problemas significativos. Muchas personas nacen con un solo riñón o donan uno a un familiar y llevan una vida completamente normal. Esto es posible porque el riñón remanente aumenta su capacidad funcional para compensar la pérdida del otro.
La enfermedad renal crónica, sin embargo, es una amenaza silenciosa. No suele dar síntomas en sus primeras fases y puede avanzar hasta requerir diálisis o trasplante. Por eso, cuidar los riñones implica mantener una buena hidratación, controlar la presión arterial, evitar el abuso de analgésicos y realizar análisis de creatinina y filtrado glomerular de forma periódica, sobre todo en personas con factores de riesgo.
Los riñones procesan alrededor de 50 galones de sangre por día (equivalente a más de 180 litros) y lo hacen con una precisión extraordinaria, repitiendo ese proceso unas 50 veces al día. Todo para extraer poco más de un litro de orina. Una eficiencia asombrosa que pasa desapercibida… hasta que falla.
Así como el corazón late y los pulmones respiran, los riñones filtran… en silencio.
Sin embargo, en la vida como en todo, como bien decía Ramón de Campoamor: “Nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

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