
Por Simón Vargas Aguilar
Desde hace tiempo la Fundación del Español Urgente lanzó la convocatoria para la “palabra del año”, en 2022 ganó ‘inteligencia artificial’, en 2021, ‘vacuna’ y claro que en 2020, la elegida fue ‘confinamiento’. La elección depende de algunos factores, entre ellos su presencia en medios y el uso en la vida cotidiana, así como la evolución de su significado; el 2023, la ganadora fue ‘polarización’, lo cual pone de manifiesto un desconcertante peligro.
Es indudable que diversos países han experimentado un incremento en la división y la confrontación, las opiniones se emiten en un tono mucho más tajante, las convicciones si no se comparten son sinónimo de exclusión y las creencias se ejercen hasta puntos casi insostenibles, diversas preguntas surgen: ¿la polarización podría ser el nuevo modelo que rija la vida de diversos países?, ¿cuáles fueron las circunstancias que nos llevaron a este punto?
Por desgracia los prejuicios y la tendenciosidad han hecho que la violencia entre sectores con ideas distintas se acrecenté, lo que sin duda se ha convertido en un factor digno de analizar y de tener en cuenta, incluso de acuerdo con el Informe sobre Riesgos Globales 2024 emitido por el Foro Económico Mundial, la polarización es considerada la amenaza número tres y nueve en los lapsos de dos y 10 años respectivamente.
Contrario a lo que podría creerse, en diversos países son precisamente los líderes y los partidos políticos quienes han profundizado e incrementado la polarización con discursos que incitan al odio, al rechazo e incluso a la violencia como ha pasado en Argentina, España, Estados Unidos y aunque duela reconocerlo, también en México.
Todo está conectado y el resentimiento desencadenado por los continuos discursos que alientan a la hostilidad se refleja en los seguidores de las ideologías, en los medios de comunicación, en las redes sociales e incluso en los espacios laborales o de recreación. La situación es compleja, en datos del Barómetro de Confianza Edelman 2023 el 52% de los mexicanos creía que su país estaba muy o extremadamente dividido y que el 65% creía que era poco probable que las divisiones pudieran superarse.
Además de triste es preocupante que esta creciente amenaza no tenga un freno, que a pesar de los esfuerzos continúe dispersándose como una plaga en el mundo entero, porque a lo único que nos conduce es a un rechazo por el prójimo, a un estado de enfrentamiento constante, a manifestaciones cada vez más violentas y a una innecesaria falta de acuerdos sociales que en definitiva nos evitarán consensos que nos permitan unidos hacerles frente a los problemas cada vez más complejos. Hay que insistir en el deber de fomentar el amor al prójimo.

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