• 5 de julio de 2026 00:05

Crónica de un desmadre anunciado en la CDMX; el costo de la improvisación en el Mundial

Noticias de Actualidad de México y el Mundo -
Por: Juan Domingo

CIUDAD DE MÉXICO.- La pasión por el fútbol jamás debe pasar por encima de la seguridad pública y la planificación urbana. Lo ocurrido recientemente en las calles de la Ciudad de México, en el marco de la Copa del Mundo 2026, es el vivo reflejo de una autoridad que prefirió la complacencia política y el espejismo de la ‘movilidad turística’ por encima del orden elemental. Al decretar días inhábiles para burócratas y suspender clases bajo el argumento de aligerar el tráfico para los visitantes, el gobierno de la CDMX no propició el orden; detonó, por el contrario, un escenario de fiesta sin tregua que rápidamente escaló a la tragedia.

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Dar el día libre en una urbe hiperconectada y apasionada fue una invitación implícita al desborde. Era de esperarse que miles de ciudadanos, libres de obligaciones desde temprano, saturaran el Fan Fest del Zócalo y los alrededores del Ángel de la Independencia en un ambiente donde el consumo de alcohol se adelantó y masificó. En lugar de prever este comportamiento humano y social básico, el propio gobierno alimentó la euforia lanzando pirotecnia en Paseo de la Reforma, actuando más como un animador de la fiesta que como el garante del orden público. El saldo es inaceptable: cuatro personas perdieron la vida en zonas de riesgo que debieron estar estrictamente vigiladas.

Las declaraciones posteriores de la jefa de gobierno, Clara Brugada, y de la secretaria de Protección Civil, Myriam Urzúa, argumentando que ‘no se contemplaba tanta gente’, no hacen más que confirmar una alarmante falta de cálculo y diagnóstico. En un evento de magnitud global, la imprevisión es negligencia.

Hoy, bajo la conocida y triste lógica de ‘tapar el pozo después del niño ahogado’, las autoridades pretenden corregir el rumbo a marchas forzadas imponiendo límites de aforo de última hora en el corredor de Reforma y el Ángel. El partido contra Inglaterra el día de hoy, será la verdadera prueba de fuego para este operativo de control tardío. Queda ver si una ciudadanía eufórica —y ya habituada a la laxitud de los días previos— respetará los nuevos límites de una autoridad que, hasta ahora, ha reaccionado tarde y de forma reactiva. La CDMX merece celebrar el Mundial, pero no a costa de la vida y la seguridad de sus habitantes.


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