AGENCIAS.- El Gobierno de Venezuela informó que los fallecidos por los terremotos de hace casi dos semanas ascendieron a más de 3 mil 685.
Agregó que los heridos superan los 16 mil 700 y las personas sin vivienda se ubican en 17 mil 907.
Venezuela también enfrenta una crisis de desaparecidos. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que el número de personas podría ubicarse en un rango de entre 10 mil y hasta 50 mil personas.
Los dos terremotos de gran magnitud se registraron de forma consecutiva la tarde del pasado miércoles 24 de junio de 2026.
De acuerdo con los reportes técnicos del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el evento inicial de magnitud 7.2 ocurrió a las 18:04 horas con epicentro cerca de San Felipe, Yaracuy.
Apenas 39 segundos después, y a escasos 45 kilómetros de distancia, se desencadenó un segundo movimiento telúrico aún más potente, alcanzando una magnitud de 7.5 en la escala de Momento.
Se agudiza descontento en La Guaira
El descontento social se agudiza en el estado costero de La Guaira, identificado como la zona más afectada tras los recientes sismos en el país.
Habitantes de la región denunciaron fallas y lentitud en la respuesta institucional inicial, señalando una crítica escasez de maquinaria pesada para la remoción de escombros, falta de insumos médicos en los centros de salud y carencia de recursos básicos para hacer frente a la contingencia.
Esta situación contrasta con el último balance oficial ofrecido por el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, en el cual las autoridades locales omitieron reportar cifras oficiales o el estatus de personas no localizadas tras el siniestro.
Sepelios masivos y víctimas sin identificar
Paralelamente, la crisis humanitaria se refleja en el cementerio La Esperanza, ubicado en La Guaira, donde se mantienen operaciones continuas para la inhumación de víctimas que aún no han sido identificadas.
Según testimonios recabados por la agencia de noticias EFE, los restos de los fallecidos son trasladados al camposanto a bordo de camiones de carga para ser sepultados en ataúdes marcados únicamente con una cruz blanca.
El proceso se desarrolla en medio de la incertidumbre de centenares de familias que permanecen a las afueras de los perímetros de seguridad a la espera de noticias sobre el paradero de sus seres queridos.

