Por Jorge Guerrero
El sistema urinario es mucho más que el encargado de producir orina. En realidad, es una compleja red de órganos cuya función principal es mantener el equilibrio interno del cuerpo mediante la eliminación de desechos y el control de líquidos, sales y ácidos. Su protagonista son los riñones, dos órganos con forma de frijol, del tamaño de un puño, ubicados a cada lado de la columna vertebral, justo debajo de las costillas.
Cada riñón contiene alrededor de un millón de nefronas, estructuras microscópicas que filtran la sangre a razón de aproximadamente 50 galones por día (cerca de 180 litros). De ese volumen, solo 1 a 2 litros se eliminan como orina; el resto se reabsorbe y regresa al cuerpo con los componentes útiles. La sangre pasa por los riñones unas 40 veces al día. Es decir, cada 24 horas tu organismo realiza un proceso depurativo equivalente a llenar una tina de baño… y todo eso, sin que lo notes.
La orina viaja desde los riñones por unos conductos llamados uréteres hasta la vejiga, donde se almacena hasta su expulsión voluntaria por la uretra. Pero más allá de esta función de excreción, el sistema urinario también regula la presión arterial, el equilibrio de electrolitos como el sodio y el potasio, el pH de la sangre y participa en la producción de hormonas como la eritropoyetina, que estimula la formación de glóbulos rojos en la médula ósea.
Un dato fascinante es que, si bien podemos vivir con un solo riñón, cuando ambos fallan se requiere un tratamiento sustitutivo, como la diálisis o el trasplante renal. La diálisis, por ejemplo, intenta replicar artificialmente la función de filtrado de los riñones, pero solo logra hacerlo en un 10-15% de su capacidad normal. Por eso, los riñones son órganos silenciosos pero vitales, que merecen especial cuidado: una buena hidratación, evitar el exceso de sal, controlar la presión arterial y el azúcar, y realizar chequeos médicos son prácticas esenciales para su salud.
La próxima vez que vayas al baño, recuerda que no se trata solo de un reflejo fisiológico, sino del resultado final de un proceso altamente especializado que mantiene tu equilibrio interno y te permite vivir con estabilidad.
Sin embargo, en la vida como en todo, como bien decía Ramón de Campoamor: “Nada es verdad, nada es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”.

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